El Estado de México anuncia una cruzada «inédita» contra el feminicidio. En el municipio de La Paz, la infraestructura intenta responder con senderos iluminados, pero el análisis exige preguntar: ¿qué pasa cuando la luz no alcanza para frenar la impunidad?
El Estado de México arrastra una deuda histórica que no se mide en pesos, sino en vidas. Este fin de semana, la gobernadora Delfina Gómez, acompañada de su gabinete de seguridad, anunció una «estrategia inédita» para combatir el feminicidio, un delito que mantiene a la entidad en un doloroso sexto lugar a nivel nacional. Las declaraciones desde Toluca suenan contundentes, pero para El Ojo del Rey, la verdadera prueba de cualquier política pública no está en el papel oficial, sino en cómo se camina de noche en la periferia.
La infraestructura local: Los «Senderos de Paz»
Si aterrizamos esta problemática a la realidad de nuestro municipio, observamos que el Ayuntamiento ha intentado hacer su parte desde la prevención situacional. La inversión en los llamados «Senderos de Paz» —rutas que conectan paraderos, estaciones del Metro y zonas escolares con mejor iluminación, poda de árboles y botones de pánico— es un acierto técnico.
Defender esta infraestructura es vital: una calle iluminada disuade el delito de oportunidad y devuelve, al menos en parte, el derecho al espacio público para las mujeres necenses. Sin embargo, creer que pintar una banqueta y colocar una luminaria erradicará la violencia de género es pecar de ingenuidad institucional.
El eslabón perdido: La respuesta operativa
El análisis crítico nos obliga a ver el cuadro completo. Los senderos seguros funcionan como un escudo preventivo, pero el feminicidio y la violencia de género son problemas estructurales que a menudo ocurren a puerta cerrada o bajo el amparo de la impunidad.
De nada sirve un botón de pánico municipal en un sendero bien iluminado si, al presionarlo, la unidad de la policía estatal o municipal tarda cuarenta minutos en llegar por falta de unidades o porque está atrapada en el tráfico de la carretera federal. Peor aún, la prevención fracasa si, al llegar al Ministerio Público, las víctimas se topan con la misma burocracia revictimizante de siempre.
La «estrategia inédita» del Estado de México solo será un éxito en La Paz si logra empatar los focos que pone el municipio con un sistema de justicia rápido, empático y eficaz por parte de la Fiscalía. Mientras la coordinación entre Toluca y Los Reyes no sea perfecta, las mujeres de nuestro municipio seguirán caminando con las llaves en la mano.