Pintar bardas no detiene balas: La ingenuidad de los murales contra el crimen en La Paz

El Ayuntamiento promueve «Tequios y Murales» bajo la promesa de prevenir la violencia. Analizamos la profunda desconexión entre la prevención de brocha y pintura y el terror real que se vive en las madrugadas de la periferia.

Ayer, en el marco del Día de la Tierra, la administración de la alcaldesa Martha Guerrero, en conjunto con dependencias federales, llevó a cabo la actividad «Tequios por la Tierra y Murales Mundialistas». Ver a los jóvenes de La Paz involucrados en la recuperación de sus espacios públicos siempre será motivo de celebración. Fomentar el arte y el deporte es oxigenar el espíritu de un municipio asfixiado. Sin embargo, cuando el discurso oficial intenta vender estas jornadas de pintura como una estrategia central para «prevenir la violencia e inseguridad», la narrativa raya en el cinismo.

Para El Rey Necense, es momento de poner las cosas en perspectiva: una barda recién pintada, por más hermosa que sea, no es un chaleco antibalas.

La prevención de vitrina

La teoría de la prevención del delito a través del diseño ambiental es válida en ciudades donde las necesidades básicas están cubiertas. Pero en Los Reyes La Paz, pretender que un mural va a disuadir a un grupo de choque dedicado a la extorsión de predios, o que va a frenar a los asaltantes que aterrorizan las rutas de combis en Lomas de San Sebastián, es una ingenuidad institucional que insulta la inteligencia del ciudadano.

El contraste de esta misma semana es brutal. Mientras los funcionarios municipales se toman la fotografía sonriendo con brochas y rodillos frente a un mural colorido, su propia policía municipal está en paro exigiendo chalecos y salarios, y el «Cártel del Agua» sabotea la red hídrica desde adentro. ¿De qué sirve tener la pared de la esquina adornada si el vecino tiene que esconder el celular en los calcetines al pasar por ahí?

Menos pintura, más justicia

La verdadera prevención del delito no se compra en una tienda de pinturas. Se construye pavimentando calles para que puedan entrar las patrullas, instalando luminarias que realmente funcionen en las zonas cerriles, depurando a fondo las corporaciones de seguridad y garantizando servicios básicos para que la desigualdad no empuje a los jóvenes a los brazos del narcomenudeo.

Aplaudimos a los artistas locales y a los vecinos que salieron a embellecer su entorno, pero la alcaldesa debe entender que el arte es un complemento de la gobernanza, no un sustituto de la seguridad pública. Pintar la superficie de La Paz no borrará la violencia que corre por sus venas.

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