Al inicio de 2026, la arteria principal de transporte entre La Paz y la CDMX enfrenta su reto anual de saturación. Más allá de las quejas por la espera, analizamos los factores estructurales que condicionan la velocidad de nuestra conexión con la capital.
Para el habitante de Los Reyes, Valle de los Reyes o San Sebastián, el año no empieza el 1 de enero, sino el primer lunes de regreso al trabajo en la estación La Paz. Este 9 de enero, la Línea A del Metro vuelve a mostrar su rostro más desafiante: andenes llenos y el característico paso pausado de los trenes férreos que serpentean sobre el suelo del Estado de México.
La complejidad del suelo: Una defensa técnica
Es común escuchar en los vagones la crítica hacia la lentitud del servicio. Sin embargo, un análisis bajo el rigor de datos revela que la Línea A opera bajo condiciones geológicas únicas. El suelo de nuestro municipio, caracterizado por hundimientos diferenciales y zonas de transición, obliga a constantes ajustes en las vías.
Defender la operatividad actual no es ignorar las fallas, sino reconocer que este sistema férreo enfrenta un desgaste estructural heredado por décadas. La actual administración estatal y el sistema Metro se encuentran en una posición donde la seguridad debe primar sobre la velocidad; un tren más rápido en un suelo inestable sería una irresponsabilidad técnica. El mantenimiento que hoy vemos, y que a veces causa retrasos, es en realidad la barrera que evita incidentes mayores en una de las zonas de mayor hundimiento de la cuenca.
El impacto en la productividad local
La movilidad en La Paz es un factor económico. Se estima que el trabajador promedio del municipio dedica entre 2 y 3 horas diarias al traslado. Al inicio de este 2026, la discusión no debería centrarse solo en «por qué va lento el metro», sino en cómo los proyectos de movilidad integrada (como los trolebuses y las rutas alimentadoras locales) pueden desahogar la presión sobre la terminal La Paz.
El reto para este año es la coordinación metropolitana. Mientras los límites territoriales dividen la administración, el usuario es uno solo: aquel que paga su pasaje esperando que, este año sí, el tiempo de traslado le permita llegar a casa a ver a su familia antes de que termine el día.