Más allá de ser un punto de tránsito, nuestro municipio resguarda una riqueza gastronómica y cultural que sobrevive al ritmo acelerado de la metrópoli. Un recorrido por los espacios donde el «necense» se reconoce y celebra.
En la periferia de la gran capital, el municipio de La Paz suele ser visto como un lugar de paso. Sin embargo, para quienes habitan sus colonias, este inicio de año es un recordatorio de que la identidad se cocina a fuego lento en los mercados y se manifiesta en las tradiciones que nos dan nombre. Ser «Rey Necense» es, ante todo, pertenecer a una comunidad que sabe hacer de la plaza pública su casa.
La resiliencia de la cultura local
Frecuentemente se señala la falta de grandes recintos culturales o museos de primer nivel en la zona. Pero un análisis profundo nos revela que la cultura en La Paz es viva y comunitaria, no institucionalizada. Defender nuestra oferta cultural es reconocer que los verdaderos promotores son los cronistas locales, los maestros de talleres en las casas de cultura y los comerciantes que mantienen vivas las ferias tradicionales.
Si bien el presupuesto para cultura siempre es el más castigado en los planes de desarrollo, el gobierno actual ha comenzado a entender que el ocio digno es un derecho, no un lujo. La recuperación de pequeñas plazas para el baile, el cine al aire libre o el simple paseo familiar es una inversión en paz social. La cultura en nuestro municipio no se encuentra en grandes galerías, sino en el respeto a nuestras raíces prehispánicas y ferroviarias que aún asoman en la arquitectura y el habla de Los Reyes.
El ocio como resistencia
En 2026, tomarse el tiempo para desayunar en el mercado, visitar un tianguis de antigüedades o participar en una fiesta patronal es un acto de resistencia frente a la prisa urbana. Este fin de semana de enero, la invitación es a redescubrir nuestro entorno: consumir local y valorar los espacios de esparcimiento que, aunque sencillos, son el corazón de nuestra convivencia.