El tramo que cruza Los Reyes se consolida como uno de los puntos más críticos de la zona oriente. Analizamos por qué la solución a los retrasos diarios depende de una coordinación metropolitana que trasciende los límites municipales.
Para cualquier habitante de La Paz, atravesar el tramo de la Carretera Federal México-Puebla a la altura del municipio es, a menudo, una prueba de paciencia. Lo que debería ser una vía de flujo rápido se convierte, especialmente en las horas pico de este inicio de año, en un estacionamiento a cielo abierto donde conviven tráileres de doble remolque, camiones de pasajeros y vehículos particulares en un equilibrio precario.
La «zona gris» de la jurisdicción
Es común que el automovilista frustrado culpe a la patrulla de tránsito más cercana. Sin embargo, un análisis bajo el rigor de «El Retrovisor» revela que el problema de la Federal es un vacío de coordinación histórica. Al ser una vía de jurisdicción federal que atraviesa una zona densamente poblada y comercial, la responsabilidad del mantenimiento, la señalización y el ordenamiento vial se diluye entre tres niveles de gobierno.
Defender el esfuerzo local implica entender que el municipio no tiene la facultad legal ni los recursos para intervenir una carretera federal de gran calado por cuenta propia. El «cuello de botella» no es solo físico, es administrativo. El gobierno actual se encuentra en la posición de gestionar un flujo vehicular que no generó, pero que debe administrar con los recursos de una policía de tránsito municipal superada por la escala del tráfico nacional que cruza nuestras calles.
Hacia una solución metropolitana
En 2026, la seguridad vial en este tramo no puede seguir dependiendo de parches operativos. Se requiere una política de movilidad que integre el transporte de carga en horarios específicos y mejore la infraestructura de los paraderos locales para evitar que el transporte público obstruya los carriles principales.
La movilidad es un derecho, y mientras la Carretera Federal siga siendo vista como una vía de paso y no como parte de la vida urbana de La Paz, el habitante seguirá pagando el costo en horas-hombre perdidas. El reto es claro: elevar la discusión a una mesa metropolitana donde se reconozca que La Paz ya no es la periferia, sino el corazón logístico del oriente.