Mientras los hogares de Los Reyes y colonias aledañas ajustan sus presupuestos tras las fiestas, el municipio arranca su campaña de recaudación de predial y agua. Un análisis de por qué esta contribución es el único combustible real para los servicios públicos en 2026.
La tradicional «Cuesta de Enero» ha llegado puntualmente a las calles del municipio de La Paz. Tras el dinamismo comercial de diciembre, los primeros nueve días del año presentan una realidad económica palpable en los tianguis, en el mercado de la cabecera municipal y en los bolsillos de las familias trabajadoras que día a día se trasladan a la capital. No es solo una resaca financiera de las festividades; es el ajuste a una economía nacional que sigue presentando retos en los costos de la canasta básica.
Sin embargo, en medio de este complejo ajuste doméstico, emerge una responsabilidad ciudadana ineludible que marca la agenda de inicio de año: el pago de las contribuciones locales.
La realidad técnica detrás de la recaudación
El Ayuntamiento ha iniciado la campaña anual de cobro de impuesto predial y derechos de agua potable. Para el ciudadano de a pie, esto puede sentirse como una carga adicional en un mes ya de por sí complicado. Las quejas sobre baches, alumbrado o seguridad son constantes, y la resistencia a pagar es comprensible cuando el entorno urbano presenta carencias.
No obstante, es crucial entender la estructura financiera municipal con frialdad de datos.
A diferencia de los megaproyectos federales que cuentan con presupuestos multimillonarios, la operatividad diaria de un municipio como La Paz —desde el camión que recolecta la basura en San Sebastián hasta el pago de la nómina de los policías municipales— depende en gran medida de la recaudación propia.
Los recursos para tapar un bache o cambiar una luminaria no aparecen por decreto mágico; se generan a través de la contribución fiscal directa de los vecinos. Históricamente, los municipios de la periferia oriente del Edomex enfrentan un rezago en infraestructura que no es atribuible únicamente a una administración en turno, sino a décadas de crecimiento urbano acelerado y presupuestos insuficientes. El pago puntual, más que un gasto a fondo perdido, es el insumo técnico necesario para intentar revertir ese rezago estructural.
Incentivos frente a la crisis
Conscientes de la tensión económica en los hogares, las autoridades locales han desplegado —como es habitual cada año— el esquema de descuentos por pronto pago durante enero, febrero y marzo, manteniendo beneficios adicionales para grupos vulnerables como adultos mayores.
El reto para este 2026 en La Paz es un binomio complejo: equilibrar la supervivencia de la economía familiar frente a la inflación, mientras se cumple con la obligación fiscal que permite, al menos en teoría y presupuesto, mantener la maquinaria de los servicios públicos funcionando.